Viviendo con ceguera

Arte y discapacidad visual

Experiencias, pensamientos, consejos y trucos para compartir con la comunidad con discapacidad visual.


Desde muy pequeña me interesé por el arte, en especial, la música y para ser más específica, el piano fue el primer instrumento que me llamó la atención.

Cabe resaltar que nunca me interesé por la música por este muy conocido estereotipo de que las personas con discapacidad visual tienen un buen oído y por ello se dedican a la música.  Me interesaba por su complejidad y de alguna manera a los 8 años, relacionaba sus teclas con las teclas de la computadora que utilizaba para mi desarrollo académico.

Eventualmente, me iniciaron en clases de piano y a partir de ese momento mi curiosidad por el arte se expandió de una manera genial.

Cuando era niña y un poco en el tiempo de la adolescencia, toqué en recitales y curiosamente en todos los eventos me equivoqué en la última nota de la pieza, un tono o medio tono abajo. Fui a varios cursos donde conocí los principios básicos de la guitarra, la batería, el violín y el canto. En otros momentos también pinté y cociné.

Hubo un último intento de presentarme en el escenario cantando, pero se quedó en puntos suspensivos porque ese día fue la mañana en que la vista que tuve se perdió.

Hoy, lo llamo un buen parteaguas para la vida y para el arte. Después de mucho trabajo y acompañada por el psicoanálisis, entendí que el arte es más que aquello que captura el ojo como órgano del cuerpo. Entendí que la música va más allá de las partituras y los recitales. Entendí que pintar va más allá del color y el trazo va más allá de la danza entre mano y ojo.

En un viaje con mi hermana y mi mamá tuve la oportunidad de que fuéramos a pintar. Recuerdo las preguntas que me hacía ¿Cómo le voy a hacer? ¿Qué va a salir de esto sin ver?Apoyándome mucho del trabajo realizado con mi analista, accedí a ir y asumí la experiencia. Me agradezco tanto por ello porque a partir de ese suceso continué pintando, usando colores y trazos.

Años después he ido experimentando con el grabado en cobre y tinta sobre papel de algodón y mi última puerta abierta en el mundo del arte fue iniciar a tocar violín. Estos dos, tanto el grabado como el violín dicen precisar de la exactitud del ojo para realizarse, pero puedo decir que hay otro camino para hacerlo. El trazo se siente y el arco se aprende a escuchar.

Una de las mejores maestras y amigas en el mundo del arte que he tenido, en algún momento me cuenta que cuando teníamos clase de violín, ella elegía tocar con los ojos cerrados para vivir la experiencia de hacerlo sin ver y que las dos usáramos  la misma técnica.

En fin, el arte es mirado y es mirada, es eso singular que cada quien intenta plasmar con notas, tinta, letras, etc.

 

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